miércoles 30 de diciembre de 2009

Carpe diem, quam minimum credula postero...


LLegué a casa más o menos media hora antes de escribir esta nota. Entrando a la cocina, veo a mi viejo, con sus pantalones de tela y su chacabana color limonsillo, atuendo que le acentua una caracteristica propia de quienes han vivido más de medio siglo y dos o tres lustros más, la sabiduría.

Sentandonos a comer piña a la mesa, siendo el último de los días del dos mil nueve, una conversación sobre cómo el tiempo pasa, parece ajustarse perfectamente al contexto del momento.

Me dice él - He visto pasar mucha gente por la vida, y a muchos más irse, recuerdo mi viejo barrio donde nací y a aquellos que vivian allí. Todos se han ido y en el mundo nada ha cambiado por eso. Yo vi la bomba átomica, vi a Churchill, vi a Hitler, vi a Eisenhower, Kennedy, conocí a Perón entre otros.

Yo le interrumpí para decirle que su siglo y su tiempo fueron sumamente interesantes, pues vivió la llegada del hombre a la luna, la caida del muro... - él ahí me interrumpe y me dice: - no sólo la caida, yo vi cuando lo hicieron... (entonces me quedo en silencio y lo veo, veo sus canas, sus arrugas, sus gestos y me doy cuenta que son años y años de aquello que para mi es historia, lo que para mi papá es su pasado)

-Papi, entonces el mundo no cambia. Parece que todo, por muchos hombres que pasen, sigue igual. - Claro que cambia, me dice, el mundo va evolucionando. -Pero desde que leí La Retorica o Ética a Nicomaco, que datan del imperio de Alejandro Magno, o más “moderno” aún, El Principe, me doy cuenta que el hombre se comporta igual en todas las eras, que el hombre no cambia, que su naturaleza es la misma.

-Hay muchas cosas en las que el hombre no cambia porque la vida es muy corta, y siempre será corta, aunque vivamos 50, 60, 80, 100, 120 ó 200 años. Para el hombre, nunca habrá suficiente tiempo, por lo que todo aquello que hace, lo hace pensando en que su fin llegará más o menos rápido. (sin duda que esas palabras fueron pronunciadas con el tono aquel que sólo sabe dar el que está más lejos del principio que del final...)

Es más importante una vida plena, que una vida larga... fue lo único que alcancé a decir...

-Él mundo cambia aunque el hombre no cambie... mira todo lo que hoy hay... Cuando yo compré mi primer televisor a color, todo se veia en blanco y negro, porque no habian canales a color hasta que llegó Color Visión. Hoy andan vendiendo televisores en 3D, eso en mi tiempo no era concebible, mucho menos los celulares, eso era pura fantasia; es más yo me acuerdo cuando Nixon (creo) dijo que pondría a disposición civil la red militar que conectaba a las bases de Estados Unidos, sin saber que con eso nacería el internet y mucho menos previendo que hoy el mundo se manejaría sobre esa base.

A todo esto, yo me mantengo en silencio, oyendo como me relata historias que para mi son de otros tiempos. Por dentro voy pensando en que el mundo seguirá avanzando y me emociono de elucubrar sobre qué cosas yo estaré viendo a los 60 años que hoy no me imagino.

El mundo, entonces, cambia, pero no cambia, y los años pasan, pero no pasan; la gente se va y eso importa pero tampoco importa; y es como si nada fuera nada y todo fuera parte de todo...

Estabamos los 2 en silencio cuendo papi dice: Bueeno... pues es tarde, dejame soltar a Nicky (el perro)... a eso yo respondo parandome de la mesa:

- Papi, y tú crees que Nicky se ponga a filosofar consigo mismo sobre su existencia perruna... ?

A lo que el responde:

yo no sé... pero él parece demasiado inteligente como para dejar de pensar en su felicidad de ser perro y ponerse a pensar en que la vida tiene fin y se le acabará su felicidad perruna...


Carpe diem, quam minimum credula postero...
Disfruta el momento, en el mañana confía lo menos posible...

Gilberto Objío Subero

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